¿quis custodiet ipsos custodes?


En Honduras nos sentimos MENOS seguros cuando nos encontramos de noche con la policía.

¿Quién vigila a quienes nos vigilan?  En las últimas semanas el pueblo hondureño ha visto confirmada oficialmente la verdad que ya todas y todos conocíamos: que miembros de la policía y el ejército de este país forman las bandas de criminales y sicarios dedicadas a esparcir el terror y asesinar a la población.

En los vehículos en que se mueven los sicarios en Honduras se puede leer el lema “Servir y Proteger”.

Además de la participación policial en asesinatos y represión, sale a la luz que del escuadrón elite Cobras de la policía nacional desaparecen en agosto de este año 300 fusiles automáticos ligeros (FAL) y 300 mil proyectiles (munición), mientras que del instituto técnico policial (ITP) se “pierden” 20 pistolas semiautomáticas Pietro Beretta y 20 pistolas CZ. Ya en 2007, del MISMO escuadrón policial se esfumaron 98 fusiles Pietro Beretta, 40 fusiles Galil, 9 fusiles M-16, cinco lanzagranadas, 32 pistolas CZ y 2 pistolas Pietro Beretta. Damas y caballeros: la policía de Honduras.

Nos preguntamos: ¿Cuántas armas más se han “perdido” en otros batallones y bodegas de las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad de  este país?

Y estas armas, compradas por el Estado de Honduras con el dinero de todas y todos los hondureños, están siendo utilizadas desde el narcotráfico, el crimen organizado y los grupos de sicarios de los cuales forman parte miembros de la policía nacional y el ejército de nuestro país para asesinar campesinos en El Aguán, para asesinar a las y los jóvenes en las calles de Honduras.

En lugar de crear garantías de no seguir “perdiendo” su arsenal y de investigar a los culpables de los robos, el gobierno de Honduras insiste en que es prioridad seguir comprando armamento, que como hemos visto solo sirve para provocar mayor violencia y mayor inseguridad.

Por otro lado y más grave es la conclusión que la sustracción de armamentos del Estado no se explica únicamente como corrupción y tráfico de armas al narcotráfico, ni como la actuación de unas pocas “manzanas podridas” dentro de esas instituciones como lo indica el discurso oficial. En el actual contexto de represión, esas armas son más que suficientes para organizar ejércitos clandestinos, para crear grupos paramilitares que con el conocimiento de los más altos cargos del Estado (no puede ser de otra manera) se dedican a perseguir y asesinar a quienes pensamos diferente.

Y en esos términos quieren unir la secretaría de defensa y la secretaría de seguridad. En estas condiciones quieren volver al servicio militar obligatorio, y exigen (y logran) más y más presupuesto cada año. ¿Como se atreve esta secretaría de seguridad hondureña a acusar de “guerrilleros” a los campesinos del Aguan cuando son SUS armas y SUS miembros los que asesinan al pueblo de Honduras?

Si algo tuvo de positivo el golpe de 2009 es que permitió se derrumbaran muchas máscaras. Así que esta situación no la pueden maquillar con “operativos relámpago”, ni cambiando a jefes corruptos por otros que igualmente tienen las manos y el uniforme embarrados de sangre, por más que El Heraldo cante el éxito de las nuevas medidas de seguridad.

La única opción que tenemos es lograr una efectiva vigilancia sobre quienes nos vigilan: encontrar y castigar a los culpables, y la más profunda restructuración y depuración de la policía y el ejército de Honduras.

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