“En una gota de sangre” (fragmento). Novela escrita durante NanoWrimo 2014


Portada por José Yeco

Portada por José Yeco

“Si va a dedicarse a revisar basura en esta esquina, avíseme desde ahorita para hacerle una lista de cosas que me sirvan” dijo el hombre.

“¿Dedicarme? Qué putas… solo es hoy, por si encuentro algo que me sirva para…eh… unas cosas que tengo que hacer”, contestó Oliverio en susurros, porque el otro le había hablado de esa manera y porque la noche era medio solemne, o al menos debía serlo si se quería tener dignidad en el acto de estar hasta la cintura en basura ajena, a las 4 de la mañana y mientras en todas las casas de alrededor duerme la gente.

“Ahhhh… ¿entonces no piensa dedicarse al fino oficio de hurgar basura?” preguntó el hombre, encendiendo un cigarro, el chasquido del fósforo una detonación que mandaba a la mierda la solemnidad de la madrugada y le iluminaba la cara de rasgos angulados, bigote ralo, barba mal rasurada, ojos brillantes bajo gruesas y negras cejas que casi se juntaban en el centro, dándole a todo el conjunto una complexión con aires de muppet de Frank oz.

“No compita, yo no soy basurero… soy, esteeee… periodista”.

El otro le sonrió. “Ahhh. ¿O sea que SI está en el negocio de buscar entre la basura? Nos repartimos las esquinas si quiere”.

Oliverio aprovechó mientras el otro encendía su cigarro para patear un poco de basura sobre el cadáver, hasta que solo se miraban los lentes reflejando tristes la luna pálida de Tegucigalpa. Soltó un gruñido mientras salía de entre el mar de papel higiénico usado, cajas de cornflakes, baterías, condones, latas de cerveza, pelos de gato, cantidades inverosímiles de bolsas de plástico y conchas de naranja y plátano en las que había pasado buceando los últimos 20 minutos.

“Bah.  No me venga con ínfulas. El periodismo es una profesión noble no me joda” pero lo dijo con simpatía ya que por principio político y por envidia idealizadora de clase mediero y semi intelectual de izquierda le caían bien los obreros y pensaba que este era un basurero legítimo, de los que recogen la basura y la tiran, no de los que la escudriñan buscando pistas para resolver un caso.

“Pues me fuera explicando en queanda, porque soy policía”.

Ahí se acaba la solidaridad de clase.

Oliverio se puso serio, pensando en sí tendría que noquearlo y tirarlo en el mismo basurero o, en una inclinación de cabeza a su simpatía original, solo dejarlo en medio de la calle.

“Vaya… yo lo imaginaba menos prosaico”.

El otro le observaba divertido “Ahhh…” y se quedó pensando un momento, exhalando con placer el humo del cigarro “¿qué? ¿No puede uno ser policía y existencialista al mismo tiempo? Creo que se paró en algo…  O mejor dicho, ¿no debería ser obligatorio entrarle al existencialismo cuando se es policía? Sip, definitivamente se paró en algo pero mal ¿eh? Si uno va a pasar la vida navegando en caca ajena, como lo hacemos los policías, lo menos que puede hacer es reflexionar su negativa al nihilismo urbano más extremo, o al cinismo más pura mierda”.

Ahora Oliverio se le quedó viendo francamente confundido, sacando con torpeza su propio cigarro y restregando el zapato furiosamente contra el único pedacito de grama que crecía cerca del basurero. “Mire compa, usted sin ánimo de ofender al gremio, tiene vocabulario de profe de primaria, no de policía nacional”.

“¿De primaria? ¿Ya vamos a las ofensas?” y se sonrió de nuevo cuando vio la expresión azorada de Oliverio “jajaja lo estoy fregando, es noble la profesión de ser ticher” se apoyó contra un carro mal parqueado en la calle “Mire, hace unos años buscando evidencias me encontré en una bolsa allá por la Colonia Loarque un libro todo maltrecho, que por puro grosor y necedad sobrevivió la quema. Tenía todas las orillas chamuscadas, pero se podía leer todavía. Era Cianuro Espumoso de Agata Cristi, y pues como que me llamó la atención, me lo leí en una noche y desde entonces me guardo todo libro que encuentro tirado en la basura”.

A Oliverio le estaba gustando más y más este policía filosofista. “Así que realmente la basura de un hombre es el Escarabajo de oro de otro” dijo “¿Qué más ha cachado para quemarse las pestañas?”

“Pues, Edgar Alan Po justamente, el gato negro, el péndulo, la caída de la casa Ucher. Un poco aguevante, pero Genial”.

Genial dicho así, con mayúscula para empezar. Respeto por el autor.

Oliverio asintió.

“y Ayn Rand, Atlas no se que, basura de la más ridícula, trivial y socialmente destructiva que se ha escrito”

Oliverio encendió su cigarro. “Pero hay muchos a los que les gusta”.

El otro apuntó con la boca, como hacen los hondureños, al basurero a espaldas de Oliverio. “También les gustaba todo eso, ¿no lo hace menos basura va?”

“A ver cuénteme y qué más”. Por supuesto estaba haciendo tiempo para alejar al policía del cadáver, pero se encontró pensando en que realmente le interesaba.

“Algunos de James Bond, Tiburon de Benchley, Los Tres investigadores de Hitchkoc, uno de poesía de Alberti, Lovcraft, algunos jóvenes escritores y puetas hondureños que devolví en su mayoría a las bolsas, biblias en bulto y montones de Benedetti” sonrió “con ese último conquiste a mi novia”.

Saco las manos que había metido en los bolsillos y se llevó a la boca otro cigarro, que mantenía improbable su integridad estructural a pesar de verse arrugado y torcido y manchado.

“Increíble lo que la gente tira a la basura. Pero es mi turno para las preguntas, señor…” dijo mientras encendía con gesto experto “porque me caiga bien no significa que no me lo lleve a casamata, donde créame que son mucho más literalistas”.

“Oliverio”.

“Ok, Don Oliverio. Qué hace usted usurpando territorio claramente delimitado por la seccional 69 del sindicato unido y revolucionario de policías nacionales, SUBPOENA?”.

Oliverio sonrió “¿cuántas gentes tiene el sindicato? Suena aguerrido.” La nariz se le había acostumbrado ya ratos al olor fétido del basurero, pero todavía podía sentir y disfrutar el olor del cigarro recién encendido.

“Solo uno, que soy yo. Pero no se preocupe, como sindicato es bien representativo del movimiento obrero organizado nacional, tiene como 8 tendencias diferentes, todas ellas marxistas, y estamos pensando en dividirlo para acceder a diferentes fuentes de financiamiento internacional. Además…”  pero se calló de pronto, bajó la vista, y casi físicamente dejó de ser policía filosofista y se volvió policía a secas, duro,  pequeño e ignorado trabajador de las calles de Tegucigalpa.

Oliverio pensó “esto es como en las películas de terror. Ahorita me voy a dar vuelta y ahí va a estar el monstruo, justo atrás mío”.

Así que, como en las películas de terror, se dio vuelta lentamente y se encontró cara a cara con el monstruo: una patrulla combinada ejército-policía nacional de Honduras, dirigiéndose hacia ellos con cara de pocos amigos.

“Jodimos, Don Oliverio” dijo el policía “pero tese tranquilo… yo me encargo”.

Oliverio asintió, pero empezó a llevarse una mano a la cintura, donde esperaba la pistola. “Antes que pase cualquier otra cosa, ¿cómo se llama usted?”

El otro se había puesto frente a él, y empezaba a caminar hacia el grupo de hombres armados “Roberto Bolaños, detective”. Dijo sin voltear. También se llevaba una mano a la cintura.

“Carajo” pensó Oliverio “voy a ser defendido por Chespirito”.

—– fin del fragmento.

¿Qué es Nanowrimo? Seguir el enlace!

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